
Johann Georg Hainz. Gabinete de curiosidades. 1666.
Dativo Donate
BREVE APUNTE PERSONAL SOBRE LA LLAMADA NOVELA HISTÓRICA Y DE GÉNERO.
Entiendo la literatura como herramienta de muchos usos. Es una vía tanto para disfrutar como para indagar en nosotros y en nuestro entorno, y acaso orientarnos por él. Entre otras muchas utilidades que tiene, la ficción nos enseña modelos de comportamiento aceptables o monstruosos que nosotros, simios ingenuos, encontramos siempre esclarecedores.
Al mismo tiempo, una novela de género ha de atenerse a una serie de condiciones que orienten la lectura y estimulen su acogida tanto como su génesis, y esta sujeción atañe tanto a la novela de aventuras como a la de detectives o la de ciencia ficción. Cada género literario, cada género narrativo se forma gracias a sus límites y constricciones. Más que sus libertades, lo impulsan y lo estimulan sus límites, igual que los muros incitan a un preso a cavilar en cómo escaparse o en cómo no dejarse vencer por ellos. Una novela se articula y se resuelve gracias a sus constricciones igual que un soneto en sus reglas métricas, como un enigma o como un misterio.
Además, la literatura es una creación del arte con su particular estética. La lengua es su material, y en ella trato de indagar y con ella juego. Para mí, escribir es mucho más que enunciar hechos y diálogos, por más que se vean novelas que se conformen de esa manera y haya público que las demande. Sin perseguir la dificultad, necesito que algún significado se mastique, que la prosa bien alimentada sea nutritiva, a su vez. Y que evoque su forma el tiempo que se narra, sin llegar a la imitación o el pastiche. O llegando, que tampoco pasa nada por ello.
Finalmente, me exijo que los ingredientes de mis creaciones cuenten con la máxima calidad. Tanto si escribo novela histórica como si me decanto por la ciencia ficción, procuro que mis referencias no defrauden a quienes me leen y menos aún a quienes me siguen. La realidad es un material indispensable para la ficción, como ocurre también al revés. La ficción es un producto de primera necesidad.
Sobre todo, la narración —y más aún la de género, sea cual sea—, ha de constituir nuestro espacio para disfrutar, el de quien escribe y el de quien lee. Si no es así ¿qué sentido tiene embarcarse en una lectura compleja? ¿Qué sentido tiene también la escritura? Claro que aquí entra en juego la complicidad. Para disfrutar de un juego hay que aceptar sus reglas, y hay muchos juegos posibles.
Advierto alguna desaprobación. ¿Prescribo cómo escribir? ¿Estoy pontificando sobre cómo se novela correctamente? En absoluto. Debe de haber tantos modos como novelistas, y su validez dependerá, supongo, de los resultados. Tan solo ofrezco unos apuntes sobre mi manera de escribir y entender la novela histórica que, naturalmente, pueden ser absolutamente erróneos, desviados, peregrinos o desatinados. O diferentes de los caminos por los que transitan otras voces narradoras, acaso más juiciosas y por ello con más éxito. Yo escribo lo que me gustaría leer, como dicen que dijo Eduardo Mendoza y, por ende, lo que me gustaría encontrarme en una narración en la que buscase aventura, historia, coherencia, emoción y maravilla.
